Algo se mueve en el mercado editorial.
A vueltas con el libro electrónico, las descargas ilegales y sus
efectos, una crisis arrolladora que congela planes de expansión,
temores frente a autores recién llegados o todavía no asentados...
Y si ya era complicado publicar, con tal panorama se hace más
dificultoso, los filtros se enmarañan más y hay más obstáculos
que salvar cuando se llama a la puerta de una gran editorial que le
permita a un escritor llegar al mayor número posible de lectores.
Así están las cosas en el sector de las letras, con un Ministerio
desaparecido (el de Cultura) y la segregación de la Dirección
General del Libro, Archivos y Bibliotecas. En la otra orilla, al otro
lado del canal digital, se encuentran las plataformas y editoriales
electrónicas que amplían catálogo. Y más de un autor ha centrado
su atención en ellas, un ejemplo es Fernando Gamboa González.