¿Quién no sabe a estas alturas que
Ana García Obregón ha publicado sus memorias? O lo que es igual,
las de una mujer hecha a sí misma, sustentada por portadas de
revistas y trabajos televisivos y alguna que otra incursión en el
mundo del cine, perseguida por fotógrafos y reporteros cámara al
hombro, modelo estival ibicenca, novia de hombres deseados, objeto de
deseo patrio y otrora “Antoñita, la fantástica”, hoy
representante oficial de las “Obregonadas”.