Por Merche Rodríguez
Hay horrores que se olvidan. Pasan a
denominarse conflicto, mediatizado por la política que siempre
encubre intereses económicos, y se suman a la lista de errores
humanos a enmendar. Hace veintisiete años la Marcha Verde dejó a
una población a la intemperie y desde entonces el pueblo saharaui se
debate entre los que anteponen las reuniones de salón diplomáticas
y los que solo ven a un grupo de personas viviendo en una tierra que
no es la suya, desprovistos de los mínimos derechos de los que otros
gozamos, y convertidos en marionetas de una representación demasiado
macabra. El escenario es Tinduf, allí es donde se asientan los
campos de refugiados saharuis.
