Los trenes nocturnos avanzan en la oscuridad a toda prisa. Atraviesan campos, pueblos, ciudades... y descubren una panorámica rauda, estelas que quedan flotando en el aire, flashes de vidas, imágenes que funden a negro en segundos y se suceden, una tras otra, ofreciendo cada una de ellas una porción de las características propias de su naturaleza. Fragmentos de vida que pasan ante la ventanilla del vagón y que o se retienen en ese momento o escapan de la memoria, incapaz de atraparlos. Son los detalles de los que se hacen los viajes y los que construyen vidas.